POSICIONAMIENTOS AL 2009.


06-Jun-2008

Razones


Jorge Fernández Menéndez


Con la mira en 2009

Los
partidos ya casi han abandonado los objetivos políticos y legislativos
que pudieran tener interés para la ciudadanía y se están concentrando
exclusivamente en los suyos. Y en ese calendario nada es más importante
que las elecciones de 2009. Quedan por supuestos temas a tratar, pero
cada día que pasa el peso de los comicios intermedios acota los
márgenes de maniobra.

En ese contexto, las encuestas actuales
tendrían que hacer reflexionar a los partidos sobre su accionar y su
futuro. En las encuestas dadas a conocer en los últimos días, a casi
dos años de las elecciones de 2006 y a uno de las de 2009, el
presidente Calderón sigue manteniendo un relativamente alto nivel de
aceptación que oscila entre el 7.5 y el 6.2 y destaca en todos los
estudios la puntuación que le proporciona la ciudadanía en el capítulo
de la lucha contra el narcotráfico (una demostración de que ese
capítulo está siendo mal manejado, con mucha confusión, en la
comunicación gubernamental, es que mientras un muy alto porcentaje
respalda al Presidente en esa batalla, cuando se pregunta quién va
ganando la misma, la mitad opina que el narcotráfico). Pero, ¿qué
sucede en términos partidarios?

Todas las encuestas coinciden en
que, si hoy hubiera elecciones, el PRI estaría cerca de 41 o 42%, el
PAN se mantendría en 39% y el PRD se caería hasta 16% (incluso en una
encuesta ordenada por el grupo parlamentario del PRD en el Senado, el
porcentaje de voto duro de ese partido sería de 5.5%). En otras
palabras se repetiría el escenario de 1991, que fue desastroso para el
perredismo, con una diferencia muy importante: seguirían manteniendo el
control de la Ciudad de México, aunque pueda ser previsible que sin una
ventaja tan significativa y, con las modificaciones electorales
recientes en la capital, ya sin la cláusula de gobernabilidad, no
tendrían las mayorías absolutas de ahora.

En otras palabras, el
voto perredista está concentrado en la capital y otras zonas muy
específicas del país y todavía falta ver qué sucederá a la hora de
designar candidaturas cuando la dirigencia está lejos de definirse. En
este proceso, López Obrador ha decidido apostar a 2012, sabiendo que no
puede capitalizar la elección intermedia, salvo que se presentara como
candidato a diputado, lo que anularía su discurso de presidente
legítimo. Marcelo Ebrard, mientras tanto, ha decidido adelantar,
erróneamente, sus aspiraciones para 2012, pero entonces debe seguir al
pie de la letra la línea de López Obrador.

Algunos han señalado
que la propuesta del referéndum sobre la reforma energética es un
acierto político de Ebrard. No lo creo, pero si lo fuera, el ganador no
será Ebrard sino López Obrador, que fue quien propuso esa medida y que,
insistimos, no tiene la responsabilidad de gobernar una ciudad.

El
PRI, luego del desastroso paso electoral de 2006, ha sido el que más ha
ganado pero, como siempre que se acerca una elección, sus números
comienzan a ser más inciertos porque debe privilegiar su endeble
unidad. Para estas fechas, en 2005, el PRI tenía ganadas las elecciones
presidenciales (Peña Nieto obtuvo la gubernatura del Estado de México
con 50% de los votos), pero el conflicto entre el madracismo y Elba
Esther los llevó a la peor derrota de su historia. Los votos priistas
se fueron en parte hacia López Obrador y otros, en la presidencial, a
Felipe Calderón. Al PRI le ha ido muy bien en los procesos locales
desde entonces y se acerca el tipo de elección en la que mejor
funciona: las intermedias, donde tiene que poner el acento en las
candidaturas locales y en la fuerza de su organización. Pero también
comienzan las luchas internas y las dudas del priismo sobre su
verdadero destino y objetivo: después de 2003, por la división interna,
abandonó la vía reformista y perdió la mitad de sus votos. Para una
caricatura del PRD, el elector prefiere el PRD auténtico. Cuando el
priismo apuesta a ser una alternativa reformista gana, pero la lucha
interna lo lleva en demasiadas ocasiones a radicalizarse. Eso lo han
visto quienes realmente manejan el partido y Francisco Labastida ya ha
dicho que el priismo irá con una propuesta propia que seguramente
buscará que confluya con algunos aspectos de la del gobierno y, quizás,
con algo de lo planteado por Cuauhtémoc Cárdenas. El hecho es que si el
PRI no apuesta al reformismo, a mostrarse como un partido dispuesto al
cambio, sin perder su perfil de oposición “responsable”, no recuperará
los votos que se fueron al lopezobradorismo en 2006.

Para el PAN
las encuestas muestran dos cosas buenas, pero confirman una mala: las
buenas son que el margen de aceptación del presidente Calderón sigue
siendo alto y el voto duro de ese partido se mantiene en un envidiable
porcentaje de alrededor de 35%, sobre todo si la nueva dirección logra
aterrizar sobre una plataforma de centro y abrir sus candidaturas fuera
del establishment partidario. Lo que se acrecienta con el hecho de que,
de las seis elecciones estatales que habrá el primer domingo de julio
del año próximo, estaría en condiciones de ganar por lo menos tres (su
objetivo es cuatro de las seis y en realidad tendría posibilidades en
cinco: Nuevo León, Colima, Campeche, Querétaro y San Luis Potosí, sería
casi imposible que ganara Sonora, aunque el hecho es que la suma de
elecciones locales y legislativas ayuda al PAN). En realidad, el
secreto estará en que pueda establecer una organización adecuada y
elija a los candidatos que realmente pueden competir. Ese fue uno de
los grandes errores del panismo en el pasado. Eso debe cambiar. Y su
dirigencia, comenzar a aparecer en el debate público, porque no
participa de él.

2009: INTENCIONES DE VOTO Y PARTICIPACION ELECTORAL.

Las elecciones del 2009
Alberto Aziz Nassif
6 de mayo de 2008

A
pesar de que todavía fal-tan seis meses para que inicie el proceso
electoral y que estamos a 14 meses de ir a las urnas, ya se pusieron en
marcha las estrategias electorales y las mediciones sobre la intención
del voto. El gobierno federal y su partido ya establecieron su
estrategia de política social bajo la nueva marca de Vivir mejor. El
PRI ha reconstruido su estructura electoral y ha empezado a recuperar
votos después de la derrota del 2006. El PRD atraviesa por un grave
crisis interna que se alarga sin una solución de corto plazo y llega a
su 19 aniversario en malas condiciones para competir.

Por
lo menos desde 1997, las elecciones intermedias, la renovación de la
Cámara de Diputados, se han convertido en una suerte de evaluación del
gobierno. A Ernesto Zedillo y al PRI no les fue bien en ese proceso
porque las urnas expresaron el cobro de la crisis económica de 1995,
que disminuyó el patrimonio y empobreció a las mayorías. A Vicente Fox
y al PAN en 2003 tampoco les fue bien, su partido vio reducirse de
forma importante su grupo parlamentario; el panismo pagó los costos de
un gobierno improvisado y con evidentes errores en el manejo de la
agenda pública. En 1997 y en 2003 se fortaleció la oposición a cuenta
del partido en el gobierno.

En México poco a poco hemos
aprendido que las elecciones no son la expresión de una única causa,
sino el espacio en donde se juegan múltiples razones y cálculos. Desde
1997 no había comicios precedidos por una reforma electoral. Ahora
llegaremos al 2009 con nuevas reglas del juego. A diferencia del
proceso reformador que se llevó a cabo hace 11 años, hoy el marco
regulatorio se enfrenta a disputas que cuestionan su legitimidad, hay
litigios abiertos en la Suprema Corte y cuestionamientos diversos.
Hasta la fecha el saldo no ha sido positivo, ya se ha violado la
legalidad en varias ocasiones. ¿Problema de reglas o de aplicación de
la legalidad? ¿Estamos ante el prólogo de lo que será una nueva batalla
electoral polarizada con un árbitro débil o se trata de ajustes propios
de un proceso que inaugura un nuevo esquema de comunicación política?
Pronto sabremos.

Mientras el PAN y el PRI se frotan las
manos por lo primeros indicios sobre las intenciones del voto, el PRD
resiente una baja, que por cierto es menor a las que le pronostican
algunos. Con datos de Consulta Mitofsky se observa un indicador que se
ha vuelto estratégico: el rechazo partidista. En las últimas mediciones
ha crecido de forma preocupante el porcentaje de rechazo sobre el
partido del sol azteca, hasta llegar a 36.4%, al grado de que ya supera
al PRI que tiene 27.4%, mientras el PAN alcanza 25.1%. Hasta hace poco
el PRI era el campeón de este indicador, y a partir de la contundente
derrota de Madrazo en el 2006, el rechazo se volvió un indicador
determinante en el balance electoral de los partidos y candidatos. El
rechazo sobre la imagen del PRD es un efecto que se ha generado por el
bloqueo de calles, por su la larga crisis interna, por la toma de las
tribunas, etcétera. En otra encuesta podemos ver la otra cara de la
moneda, la opinión sobre la buena imagen de los partidos: en donde el
PAN tiene 45%, 39% para el PRI y sólo 21% para el PRD (EL UNIVERSAL,
28/IV/2008). Sin embargo, a pesar de estos datos, todas las mediciones
de confianza política expresan que los partidos políticos en México,
como institución genérica, están en el sótano de la confianza ciudadana.

En
2007 el PRI recuperó terreno en elecciones locales y en este momento
está por delante del PAN, según Ipsos-Bimsa/EL UNIVERSAL, 28/IV/2008,
el tricolor tiene ya 37.3% frente a 36.8% del panismo, están en un
empate técnico, mientras que el PRD regresa a su histórico tercer
lugar, muy lejos de los punteros con sólo 20.9%. En términos de
proyecto y perspectiva ideológica, tenemos una mayoría de derecha en
dos versiones, frente a una izquierda que no logra salir de su patrón
histórico, la dependencia de un líder fuerte. Si hoy fueran las
elecciones el partido que se recupera es el PRI, el PAN se mantiene y
el PRD baja de forma considerable, respecto a los votos obtenidos en
2006. Si se compara respecto a los comicios intermedios de 2003, vemos
que el PRI, aliado con el Partido Verde, logró 36%, el PAN obtuvo 30% y
el PRD se quedó en 17%. De 2000 a 2003 el tricolor se recuperó, el
panismo bajó y el PRD se mantuvo.

Sobre la participación
electoral hay que considerar al menos tres dimensiones: la primera
tiene que ver con una tendencia a la baja de la votación, por lo cual
el abstencionismo crece sobre todo en las elecciones intermedias. A
pesar de la importancia que tiene ahora el Congreso, existe una falta
de vinculación entre la ciudadanía y el Poder Legislativo. La segunda
tiene que ver con la aplicación del nuevo esquema de comunicación
política, como una novedad que será necesario evaluar. La tercera
consiste en observar de qué manera el abstencionismo afectará a cada
una de las maquinarias partidistas.

A pesar de que faltan
diversas claves específicas de la elección, las que influyen sobre todo
en el voto volátil, se puede anticipar que el tema de la reforma
energética será un eje de confrontación que puede marcar el tono de las
campañas. Al mismo tiempo, habrá que ver qué tipo de agenda legislativa
plantean los partidos para la campaña, sobre todo porque estaremos
frente a unos comicios legislativos. 2009 será un nuevo reto para el
IFE y el Tribunal, a ver si pueden remontar el conflicto del 2006. En
fin, mientras el gobierno de Calderón hará lo posible por mantener el
número de escaños que tiene el PAN, el PRI se juega su recuperación, y
el PRD tiene como reto no regresar al tercer lugar que hoy le anuncian
las encuestas. 2009 será muy importante para los partidos y para el
gobierno, pero no sabemos qué tan importante será para los ciudadanos.

2009 A LA VISTA DE LOS PARTIDOS.

Perspectiva 2009
Por: Juan Manuel Asai | Opinión Martes 8 de Abril de 2008 | Hora de publicación: 03:12

Lamento anunciar que ya comenzó el proceso electoral 2009. Entramos, casi sin sentirlo, en la órbita de la elección federal intermedia, cuando todavía no sabemos qué hacer con las boletas de la elección pasada. ¿Se queman, exhiben o trituran? Domina la impresión de que el gobierno acaba de empezar, que los funcionarios apenas están conociendo sus oficinas, aprendiéndose sus números telefónicos, rompiendo el hielo con las secretarias. Una impresión errónea, porque lo cierto es que la elección de mitad de mandato asoma la cresta en el horizonte y los partidos no escaparán a su influencia.

La democracia es demandante, cara y desilusiona con frecuencia. No hay reposo para partidos y tampoco para ciudadanos. Es una forma de ser. La competencia permanente fatiga, sobre todo porque venimos de setenta años de partido hegemónico, casi único. Años en los que la política era algo turbio que sucedía entre los políticos y no entre la gente decente. En aquel tiempo, la población se limitaba a votar de vez en cuando. Si la gente no se animaba a acudir a las casillas no pasaba nada, los resultados estaban predeterminados. Hace un par de semanas comenzaron a detectarse los primeros indicios de la contaminación electoral de 2009. La víctima fue la reforma energética. La arrogancia priísta y los titubeos panistas se explican porque ambos tienen un ojo en la problemática de Pemex y otro en la nueva conformación del Congreso y en la media docena de gubernaturas que estarán en juego. La cuestión de Pemex se mueve, por lo tanto, en dos dimensiones, la relativa a su operación y el impacto político de la eventual reforma. El PRI presiona para que el gobierno presente su iniciativa de reforma del sector energético, con el propósito de que el PAN asuma los costos políticos de su intención de abrirle el paso al capital privado nacional y extranjero y que esto se refleje en una caída de su cosecha electoral.

Se trata de que el tricolor emane como primera fuerza política después de los comicios del año entrante. El PAN, mientras tanto, se resiste a presentar la reforma por temor a sus consecuencias electorales y, al mismo tiempo, envía a la comunidad empresarial un mensaje inequívoco: voy por la reforma, pero no tengo votos suficientes para concretarla; si quieren reforma energética de fondo, y otras decisiones que les convienen, tendrán que respaldar de manera generosa a los candidatos que presente el PAN el año entrante.

Al que madruga

Si alguien piensa que me adelanto, le sugiero revisar los diarios del pasado fin de semana. En el puerto jarocho, los integrantes del Consejo Político del PRI tuvieron acceso al documento “Perspectiva 2009” en el que el tricolor se planteó el ambicioso objetivo de ganar 190 de los 300 distritos electorales, además de las curules de representación proporcional. Desde luego, proyecta conservar los gobiernos de Campeche, Colima, Nuevo León y Sonora y hacer todo lo posible por arrebatarle al PAN Querétaro y San Luis Potosí, plazas en las que el blanquiazul se ha consolidado.

El partido en el gobierno también dio los primeros pasos formales para mantenerse como primera fuerza en San Lázaro. No será fácil. Deberá romper con una cadena de derrotas e inyectar una dosis de entusiasmo a sus alicaídos simpatizantes. Los panistas comenzaron responsabilizando a Beatriz Zavala de la Comisión para la Organización Territorial. Zavala fue secretaria de Desarrollo Social, por lo que maneja información clave para diseñar la estrategia electoral. También adelantaron que en la Asamblea Nacional se aprobarán nuevos métodos de elección de candidatos, pues el PAN requiere abrirse a la ciudadanía.

Por lo que toca al PRD, la perspectiva 2009 es absolutamente sombría. Este partido no puede comenzar con los trabajos de preparación porque se encuentra, según uno de sus dirigentes, en punto muerto. Animador central de la elección 2006, el sol azteca pasará a ser invitado de piedra. A estas alturas ni siquiera es seguro que permanezca como partido. Su caída ha sido vertical. Lo único que lo mantiene en la jugada y con cierta cohesión es, paradójicamente, el debate de la reforma energética. Si el PAN no hubiera promovido el asunto del tesorito escondido, el PRD se habría desvanecido, sería historia. jasaicamacho@yahoo.com

Perspectiva 2009 / 9 de Abril de 2008

PAN: CARTAS ESTATALES Y POSIBILIDADES DE TRIUNFO EN 2009.

06-Abr-2008
De naturaleza política
Enrique Aranda
2009, la “baraja” de Germán…

Más allá del desgastante y, en cierto modo, inútil “ruido” mediático que suscita el debate en torno a una reforma energética que ya sólo los más ingenuos piensan será de carácter estructural, el mandamás en Acción Nacional, Germán Martínez, consume buena parte de su tiempo, hoy, en la definición de quiénes serán los responsables de “dar la batalla” por las gubernaturas en juego en 2009. Tal postura de quien —pese a deslealtades de alguno de sus (supuestamente) cercanos— encabeza el esfuerzo por alinear al blanquiazul con la estrategia política del Presidente Calderón, vale decir, responde a su íntima y en buena medida generalizada convicción de que poco o nada positivo le reserva 2008, en lo que a resultados electorales se refiere. “Lo sucedido en 2007 será una caricatura con respecto a lo que ocurrirá éste año…”, no duda en pronosticar alguno de los miembros del “comando azul”.

Es por ello, precisamente, que resulta esencial tomar nota de los sucesivos encartes y descartes que se están dando ya en el primer nivel del blanquiazul y, más importante, en la mente de quien ahí hace cabeza y que, ahora, permiten realizar un avance sobre quiénes están siendo valorados como “posibles para 2009”:

a) En Querétaro, por ejemplo, sólo dos de los hasta hoy seis auto designados precandidatos —de manera no oficial—“pesan” en las consideraciones del jefe partidista: Manuel González Valle y Alfredo Botello. Nadie duda de que el PAN refrende aquí su preeminencia.

b) San Luis Potosí se ve “complicado”, pues si bien se da por hecho un relevo “azul” para Marcelo de los Santos, no pocos dudan de que Alejandro Zapata y Eugenio Govea —el primero por su pugna con el actual gobernador y otros problemas, y el segundo por su inexperiencia— pudieran ser opción. Es obvio también el “rezago” que, al menos en encuestas, tienen el edil Jorge Lozano y el ex titular de Trabajo, Francisco Salazar Sáenz.

c) En Nuevo León, donde “la mala administración de NatiGonzález Parás” permite alentar esperanzas de triunfo, tres son los mencionados: “los Fernando(s), Margain y Elizondo e incluso (Adalberto Madero) Maderito”, que desde la alcaldía regia se afana por controlar la estructura partidista…

d) Y así como en lo que hace a Colima y Sonora no parece haber aún claridad suficiente en materia de nombres, con respecto a Campeche parece ganar fuerza la versión de que una candidatura ahí pudiera ser una “salida” para el titular de Gobernación, Juan CamiloIvánMouriño y una posibilidad real de ganar esa entidad. Estas y no otras, por lo pronto, son las “cartas” con las que juega y eventualmente piensa ganar Germán el próximo año…

Excélsior

OPORTUNIDADES DE FUTURO PARA EL PRI

Una agenda para el PRI
Liébano Sáenz.

Hoy, en Veracruz, el PRI celebra la sesión de Consejo Nacional en una situación singular de sus principales competidores y del país. El evento ocurre después de significativos triunfos electorales en casi todas las elecciones locales posteriores a la federal de 2006. El PRI no sólo ha podido mantener territorio, sino que ha recuperado, casi siempre, del PAN. Por otra parte, el encuentro se ofrece cuando los legisladores del PRI están convertidos en el factor de decisión sobre la suerte de la reforma en materia de hidrocarburos, una apuesta grande del gobierno panista. Resulta paradójico que cuando el PRI tiene menos diputados y senadores en las cámaras federales, es más poderoso e influyente que nunca. El PAN está condicionado, como en el pasado sucedió con el PRI, por la situación derivada del ejercicio del gobierno; al PRD y asociados, los limita la lógica de movimiento opositor. La política más que de números, es de circunstancia y posición. La intransigencia de la izquierda ha favorecido que el PRI se desempeñe no sólo como factor de equilibrio, sino determinante en las decisiones legislativas. El gobierno del presidente Calderón ha hecho de las reformas su prioridad; situación hábilmente aprovechada por el PRI legislativo, aunque no siempre con los mejores resultados para el proyecto del Presidente. Ojalá no suceda lo mismo con la reforma energética. Los descalabros en la elección presidencial no se han traducido en un debate sobre cuestiones fundamentales; no se ha concretado una reforma que haga del PRI algo más que beneficiario de la circunstancia y de los errores y fracasos de sus competidores. La mayor fortaleza del PRI está en su territorio y ésta deriva de su amplia presencia regional, la que viene de origen y que es relativamente independiente de su estructura central. El PRI ha persistido por el tejido partidario en las localidades de casi todo el país. Esta constante tiene su excepción, en particular, cuando el PRI es derrotado por el PRD. En este caso, la crisis es mayor, seguramente porque la disputa se da no sólo en lo electoral, sino en la base social. Los críticos de ambos partidos, dirían que así ocurre porque uno y otro son lo mismo; la verdad es que como proyectos políticos, PRI y PRD están diferenciados; sin embargo, desde la base, en lo local, la situación los hace más que distintos, incompatibles. La reforma del PRI debe privilegiar lo regional. La inercia centralizadora del pasado atendía a una legítima necesidad de origen, pero también fue consecuencia del papel que desempeñaba el Presidente y de la hegemonía electoral del partido. En la medida en que la competencia, la pluralidad y la alternancia se han profundizado, la política se ha vuelto cada vez más local, y por lo mismo, requiere de nuevas formas de conducción. El fracaso en la última elección presidencial se asocia, por una parte, al autoritarismo de la estructura central que alejó al partido del sentimiento mayoritario de la sociedad, al presentar su peor cara y, por la otra, a la difícil relación de la dirigencia nacional y de su candidato presidencial con los gobernadores y la estructura regional tricolor. La elección tuvo lugar ante gobernadores sin incentivos ni compromiso hacia el candidato presidencial. La nueva gobernabilidad del PRI requiere de dos procesos simultáneos: primero e imperativo, corresponde dar mayor espacio de decisión a la representación de los estados y municipios y, segundo e imprescindible, dar curso a la legalidad y democracia en sus procesos internos, para así evitar los riesgos de balcanización o caciquismo regional, inercias también de origen. Además, la reforma electoral supone que los partidos deben desarrollar instancias jurisdiccionales confiables para hacer valer los derechos políticos de los militantes. El Consejo Político y la Comisión Permanente deben transformarse. La expresión federalista del PRI debe prevalecer para acreditar la representación del territorio. De manera análoga la distribución de las prerrogativas para gasto ordinario debe hacerse por tercios, entre los estados, los municipios y la dirección nacional; en los dos primeros casos, la asignación debería realizarse en proporción a los votos obtenidos en la elección de diputados. Los recursos para el financiamiento de campañas deben remitirse a los candidatos y no a la dirección nacional. Con la reforma electoral, ya no tiene vigencia la justificación de que los recursos se quedaban en el centro para financiar el gasto mediático. Es sumamente riesgoso —no sólo para el partido— que los candidatos anden a la caza de financiadores o que la dirección nacional asigne a sus gobernadores el mantenimiento de la organización partidista. En el caso de la composición del Consejo Político Nacional, sus integrantes debieran ser seleccionados por entidad, correspondiendo proporcionalmente al peso del voto obtenido en la última elección federal. Los consejos estatales debieran definir la representación, cuidando incorporar género, jóvenes y organizaciones adherentes. Además, para atender las nuevas disposiciones de la reciente reforma electoral, debiera conformarse una comisión de radio y tv en el CEN del PRI, con representación anual de los estados con elección, para que las propuestas y acuerdos de la representación del PRI ante el IFE, sea consecuente con las necesidades de los estados. Por otra parte, debieran surgir nuevas normas para la integración de las candidaturas de representación proporcional. En esta circunstancia, los consejos políticos estatales elevarían propuestas para la integración de las listas, de acuerdo con el peso electoral de cada estado. Existe en el PRI confianza sobre el futuro. Las dificultades del PRD por el fraccionalismo y el agravio, y que el PAN, ya convertido en gobierno, ha perdido su condición de paradigma de honestidad y cultura cívica, le ofrece una importante ventaja para la elección intermedia. Al PRI se le acredita experiencia; no obstante —y aunque parezca contradictorio— la mejor opción para el PRI es el futuro, no el anclaje a su pasado. La política es de proyectos, no de individuos, sin embargo, las personas y su trayectoria dicen mucho. En el largo plazo, el futuro del PRI debe radicarse en una nueva generación que represente la renovación de la vida pública y, a su vez, la amplia y rica diversidad nacional. La política, reitero, cada vez es más local.

Milenio.com

EXPECTATIVAS Y PERCEPCIONES.

nubedif.jpgIpsos-Bimsa nos presenta una serie de encuestas, hasta febrero de 2008, acerca de la evaluación sobre la situación del país y del cumplimiento de expectativas del Presidente Calderón. Leer PDF

SIMBIOSIS Y ARREGLOS INTERNOS DEL PRD

casarbol.jpgAlán Arias Marín.
PRD, ¿sin …Hoy es el plazo fatal para el PRD. Si no hay un cómputo (fiable o no), la elección será jurídicamente nula. Era sabido, no habrá resultados, es imposible. Las negociaciones comenzaron (menú de opciones): anulación, declinación de contendientes, “tercera vía”, dirección colegiada, interinato y más. El arreglo político es la única salida a un proceso interno insostenible y patético. Lázaro Cárdenas Batel o Ricardo Monreal son, apenas, las insinuaciones iniciales de la búsqueda, marcan parámetros de acuerdo, referencias cambiadas para que todo siga igual. Además, no hay prisa. El costo del descrédito es impagable, pero 2008 no tiene densidad electoral significativa y, de paso, la crisis contribuye a posponer, desdibujar y limitar todavía más la (cuasi) inminente y ya disminuida reforma energética; ¿le van a dar al PRD pretexto de amalgama interna? Ése, el tema crucial y leit motiv del proceso político hoy.

El acuerdo seguirá la pauta del pathos de los partidos mexicanos: unidad y preservación de la franquicia a toda costa. Nadie dispuesto a perder el confort de las prerrogativas ciudadanas a los partidos: más de 450 mdp para el PRD en 2008, cientos de cargos de representación parlamentaria federal o estatal; puestos ejecutivos de municipios, estados o del Distrito Federal bajo su control. La escisión es impensable, por más que la fractura sea su composición. Nadie con fuerza, valor e ideas para construir una nueva opción; los liderazgos son parasitarios (AMLO incluido, por ahora; Ebrard, también, depende del cargo; Ortega, no se diga, atado al aparato burocrático). El arreglo no puede tener potencia fundacional, es inercial, continuidad que repite la historia; de utilidad restringida, servirá para un nuevo reacomodo de fuerzas y cargos; funcional para prolongar una estrategia carente de nervio y moral transformadora, pero… eficaz. Pragmatismo de médula, clientelismo desbocado, oposición semileal.
La matriz estratégica del comportamiento del PRD —radicado en su génesis— ser opositor semileal. Un pie en las instituciones, el otro pateándolas al diablo. Es lo que aglomera disidentes priistas, comunistas conversos y grupúsculos asociados; lo que mantiene viva e irresuelta la dialéctica movimiento de masas-partido electoral; lo que enmascara aspiración revolucionaria con ejercicio del poder, autoritarismo con democracia. Pero, lo más importante: funciona. Los ha hecho crecer, casi ganar la presidencia, segunda fuerza parlamentaria. La fragilidad e inmadurez de la democracia mexicana permite al oposicionismo semileal ser exitoso. Uno el mundo de la democracia de élites, sus acuerdos de cúpula, la anomia gubernamental; otro el terreno real donde la movilización impone condiciones y agenda. ¿O no? La razón de la sinrazón perredista.
La crisis del PRD (intelectual, moral y orgánica) es expresión de la enfermedad incurable del sistema de partidos pospriista; herencia indeseada, consecuencia perversa de la transición mexicana a la democracia. Lo del PRD es de escándalo contumaz; ¿pero no es tanto o más democráticamente funesto, que el dirigente nacional del PAN lo haya impuesto el presidente Calderón? o ¿los pactos sin principios, ni proposiciones programáticas del PRI? El régimen político y el sistema de partidos es disfuncional y distorsionado; en trance de una regresión autoritaria en clave de oligarquía política (Michels). La curva regresiva del afán de reformas a toda costa —reformillas posibles—, derivado de la pulsión legitimatoria del Ejecutivo y del intercambio de beneficios de corto plazo y personales con los liderazgos parlamentarios (sobre todo PRI).
El efecto más grave, a mediano y largo plazos, se concentra en el desequilibrio de la representación política respecto de la estructura de la sociedad. Al fracasar el PRD en su función primordial de representación-agregación de intereses de la población económica y culturalmente desfavorecida, se genera un vacío crítico para la funcionalidad del sistema. El procesamiento de la conflictividad incrementa su déficit; peor, la oferta y la compensación de expectativas (esperanza) de transformación social por vía política se deteriora y extingue.
El “espectro izquierda” (radicales de PRD-FAP, gobierno legítimo, movimiento de masas-Convención Nacional Democrática; amén de “movimientos de furia” estilo Atenco o La Parota, iniciativas al modo “otra campaña”, a caballo el EZLN con el disenso armado, EPR, ERPI et al) entra en ebullición, sueña revolución… nada halagüeño, toda vez la fuerte incidencia desestabilizadora del narcotráfico y la espiral de violencia potenciada por la “guerra” gubernamental al narcotráfico. Ojalá lo del PRD fuera una crisis, tendría remedio, pero no, es un modo de ser; además, simbiótico con la entropía del sistema.

FCPyS-UNAM. Cenadeh.

Milenio.com

REACOMODOS TRAS LA ELECCION INTERNA DEL PRD.

El incierto futuro del PRD

René Avilés Fabila 30-Mar-2008

El PRD, creación de un caudillo que involuntariamente lo puso en manos de otro, es incapaz de transformarse en un México cuya peor tradición sigue viva: la de los “hombres fuertes”, los autócratas. Pareciera, a simple vista, que el PRD está atrapado en su propia podredumbre, tan lejos de Cárdenas y tan cerca de López Obrador. Que la feroz lucha entre Ortega y Encinas no tiene más salida que la ruptura en dos bandos irreconciliables.

El pasado jueves por la tarde, los medios electrónicos dieron una noticia entre somnolienta y esperada: el nuevo conteo del turbio proceso electoral ponía a Jesús Ortega por encima del candidato del caudillo. Para ese momento, más de una encuesta arrojaba una certeza y una posibilidad: nadie duda del escandaloso fraude que unos y otros cometieron; y finalmente la razón podría imponerse en el atribulado partido y los legítimos herederos del proyecto de Cárdenas superar el escollo impuesto desde un poder en manos de ex priistas. En ambos casos, López Obrador (más que Encinas o Ebrard) es el gran derrotado de un juego que todos perdieron y, por ello, para seguir dentro del circuito mediático ha inventado la patraña de la privatización del petróleo, una más en su larga serie de mentiras.

Sin embargo, dudo de que el PRD vaya a dividirse. Finalmente unos y otros tienen en el partido la gallina de los huevos de oro, les da poder y fortuna. Allí están repartiéndose el botín en el DF y en las cámaras legislativas. ¿Tendría lógica matarla? Lo más sensato es cerrarle la puerta a la decencia política (¿existirá?) y negociar las distintas posiciones: si el triunfo es para Jesús Ortega, el DF es para Alejandra Barrales y la secretaría para algún otro leal a López Obrador. De este modo, el organismo aparenta curar sus heridas, soluciona los problemas inmediatos y trata de superar el inmenso desprestigio en que está y que sólo unos cuantos intelectuales “revolucionarios” no han visto. Los lopezobradoristas no tienen posibilidades reales de irse a otro partido o formar uno nuevo. Se alejarían más las posibilidades de llegar a Los Pinos.

El PRD, creación de un caudillo que involuntariamente lo puso en manos de otro, es incapaz de transformarse en un México cuya peor tradición sigue viva: la de los “hombres fuertes”, los autócratas. De tal forma, no es democrático ni ha podido producir una ideología firme, consistente con la izquierda que pregona. Todo se reduce a la conquista de posiciones y empleos que les permitan a sus dirigentes hacer fortuna.

La otra posibilidad, la de limpiar al partido según parte de la propuesta de Cárdenas, es remota. Todos quedarán insatisfechos, resentidos, pero ninguno se irá —es cosa de sentido común, no de inteligencia— de la franquicia que les ha permitido modificar su situación política y la decisión irrevocable de alejarse de la pobreza. El PRD es un instrumento que les da movilidad social y económica. No descartemos la ficción, en este caso se acerca a la realidad. Imaginemos el triunfo de Nueva Izquierda por encima del lopezobradorismo. El PRD tendrá en Encinas un presidente legítimo y Ortega será el espurio. Ya vimos la película. La pregunta es obvia: ¿qué será de López Obrador, quien hizo una elección a su modo y fracasó, como tantas otras veces? El PRD, en tal situación, estaría en libertad de buscar un candidato presidencial a su gusto. Pero, ¿quién podría ser si sólo tiene dos posibilidades: la evidente, AMLO, y una vía alterna: Marcelo Ebrard, en cuyo proyecto de nación incluiría pistas de hielo y playas artificiales hasta en Cancún, Acapulco y Veracruz? No hay de otra para mantener vivos a los dirigentes de las tribus perredistas. Manuel Camacho, Porfirio Muñoz Ledo, Arturo Núñez, Leonel Cota y alguno más, dejaron de ser útiles; son parte de una historia que ha envilecido más y más la política nacional y ha sumido al país en el desconcierto. No hay nadie con el carisma (creación mediática) de López Obrador, con su facilidad para mentir y decir cosas gratas a los ingenuos. Ebrard se pondría feliz con serlo, tiene, sin embargo, un problema: su carrera ha sido merced a la sumisión a sus jefes, primero a Salinas y a Camacho, ahora a López Obrador. ¿Rompería con éste para seguir su camino ya sin apoyos? Lo dudo. ¿Al PRD de Jesús Ortega le convendría postular a Ebrard? No. Entre ambas formaciones o bloques de mafias hay una aversión robusta e imposible de limar. ¿Quién le impediría (y aquí entra una posibilidad irrazonable) al presidente Marcelo Ebrard armar su gabinete con sus amigos y no con aquellos que lo llevaron al poder? Esto es, podría poner en Gobernación a Encinas, a Sheinbaum en Semarnat, a Barrales en Comunicaciones y a la familia Batres en Sedesol, por dar algunos ejemplos. Atrás de él podría estar como superasesor el propio AMLO. Como consolación, Nueva Izquierda tendría cargos menores.

El PRD no tiene figuras capaces de ser candidatos presidenciales. El milagro de El Peje es irrepetible. Llevó al partido a sus mejores niveles de aceptación con un discurso agresivo e ideas descabelladas. El PRD sigue siendo el partido de un solo hombre, desquiciado políticamente y destructivo, así retornará a los antiguos niveles.

www.reneavilesfabila.com.mx

El incierto futuro del PRD - Excélsior

ELECCION INTERNA DEL PRD Y REFORMAS.

La Fundación Rafael Preciado Hernández del PAN analiza en sus Papeles para la Reflexión de marzo de 2008, el carácter de la elección interna del PRD marcado por la disputa de intereses y la fuerza de movilización y sus implicaciones en el perfil ideológico y en la predisposición a la reforma de PEMEX. Leer PDF.

Derrames y explosividades.

¡Quién carajos diseñó esta estrategia!
Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com

Un reportero que trabaje en un futuro el tormentoso primer trimestre de 2008, se preguntará ¿cuál fue la estrategia del presidente Calderón para conseguir los votos que le permitieran sacar la reforma de Pemex? Para responderse tendrá que pasar al menos por estos momentos. 1. A finales de 2007, la oposición radical soltó la especie de que estaba listo el proyecto para “entregarle el petróleo” a empresas extranjeras. El gobierno guardó silencio. 2. En enero, el Presidente colocó en la Secretaría de Gobernación a Juan Camilo Mouriño para que operara la reforma. Pero no reparó en sus antecedentes. Mouriño se convirtió en ejemplo idóneo de corrupción en el sector. 3. La oposición radical se regodeó durante semanas con el hallazgo de los negocios de Mouriño. Calderón lo arropó. 4. El gobierno hizo correr la versión de que no haría nada antes de la elección de presidente del PRD (marzo 16). Con la agenda libre, la oposición llamó a dinamitar cualquier esfuerzo legislativo que tuviera que ver con Pemex. 5. La oposición descubrió que había un spot que revelaba el proyecto del gobierno: promover inversión privada en los yacimientos en aguas profundas. El gobierno negó la autoría del spot, luego lo puso al aire. 6. En esa intemperie, el PRI, aliado esencial para sacar la reforma, desplazó su discurso: de un relativo apoyo inicial, se colocó más cerca del movimiento opositor. 7. El 25 y 26 de marzo, el PAN anunció por fin que, pronto, presentaría la iniciativa de reforma; el movimiento opositor radical anunció su “plan de guerra”, y el PRI dijo que no tenía prisa. Supongo que al llegar a este punto, el periodista se rascará la cabeza y dirá: “¡Quién carajos diseñó esta estrategia!”

Milenio.com