BALANCE POLITICO DE LA REFORMA DE PEMEX

INDICADOR POLÍTICO
Carlos Ramírez
Jueves, 23 de octubre de 2008
  • Ganó el PRI de AMLO-CSG.
  • Reforma legitima a Calderón.

Si
se busca saber quién realmente salió ganando en toda la negociación de
la reforma energética, un solo nombre salta a la vista: Carlos Salinas
de Gortari. Los principales operadores de López Obrador para evitar
cualquier reforma en Pemex son salinistas.

El vocero del grupo
de “intelectuales y especialistas” de López Obrador y del Frente AMLO
es Rolando Cordera, en cuyas oscilaciones ideológicas se retrata a la
perfección la confusión ideológica del lopezobradorismo: Cordera salió
de la izquierda universitaria, luego pasó a la izquierda socialista
para combatir el neoliberalismo de De la Madrid y Salinas, regresó al
centrismo académico, escribió en 1989 un libro -Las decisiones del
poder- para reconocer el fin del Estado, trabajó para Carlos Salinas en
Pronasol y -peor- fue el comentarista oficial en la TV del gobierno
para explicar la ideología de Salinas en sus viajes internacionales y
ahora regresó al Estado.

El grupo de asesores intelectuales de
López Obrador está conformado por priistas y casi todos salinistas.
Jorge Eduardo Navarrete trabajó para Salinas, Zedillo y Fox promoviendo
en el exterior la ideología del gobierno en turno; peor aún, Navarrete
fue subsecretario de Energía en el zedillismo, cuando se consolidó la
privatización de la petroquímica y nunca, pero nunca, se opuso a esa
decisión; y en ese tiempo el secretario de Energía fue nada menos que
Jesús Reyes Heroles González Garza, actual director de Pemex y
continuador de su política energética en 1995-1997. Hoy Navarrete, en
un giro de trapecista político, aparece en el lado contrario del que
militó sumisamente en el pasado neoliberal.

Otros miembros del
comité de intelectuales del Frente AMLO no pueden ocultar su pasado
conservador: Ifigenia Martínez militó en el PRI y Carlos Tello Macías
fue embajador de Carlos Salinas en Moscú y un confidente de la
transición soviética. Y entre los apoyadores de este grupo apareció
nada menos que Manuel Bartlett Díaz, uno de los operadores de varios
fraudes electorales contra la democracia y ciertamente el que manejó el
fraude de 1988 contra Cuauhtémoc Cárdenas para imponer en Los Pinos a
Carlos Salinas; a Bartlett le salió hoy lo nacionalista que supo muy
bien esconder en el pasado para escalar sumisamente posiciones de
partido con los gobiernos neoliberales. Fue nada menos que Joseph-Marie
Córdoba Montoya quien impuso a Bartlett como gobernador de Puebla, en
pago al fraude de 1988. Hoy Bartlett es de los principales asesores de
López Obrador.

Si la reforma pactada fue una victoria para los
priistas-salinistas que hoy rodean a López Obrador -y ahí desempeña un
papel clave el arquitecto del salinismo, Manuel Camacho, duro defensor
de la privatización del Estado-, al final se convirtió en una derrota
para López Obrador. Mal que bien, con todo y sus limitaciones, la
reforma energética negociada en el Congreso a iniciativa de Calderón se
convirtió en el principal factor de legitimación política del
presidente de la República. Calderón logró sentar a negociar al PRD y
éste, por la vía de los hechos, reconoció la personalidad jurídica,
legal y legítima de Calderón como jefe del Ejecutivo federal.

Al
aceptar la reforma pactada, el gobierno para-lelo de López Obrador
llegó a su fin y asumió su condición de grupo de choque o grupo de
presión. Pero la reforma fortaleció a Calderón como presidente
constitucional de México, gracias a López Obrador.

Las
limitaciones de la reforma, por lo demás, mostraron la vigencia del
dinosaurio priista: la alianza de lopezobradoristas-salinistas con
priistas de la vieja guardia impidió una reforma en serio al sector
energético y mantuvo la vigencia del Estado priista en el sector. Por
eso PRI y PRD frenaron cualquier reorganización de las relaciones
laborales, con lo cual priistas y lopezobradoristas avalaron la
organización sindical priista de Carlos Romero Deschamps, definida por
Carlos Salinas en enero de 1989 con la destitución y encarcelamiento de
Joaquín Hernández Galicia La Quina. El sindicalismo salinista en Pemex
fue avalado por López Obrador y el PRI.

Lo contradictorio de la
reforma energética es que fortalece la presencia del Estado en el
sector pero con un gobierno promotor de la iniciativa privada. Por
tanto, la oposición sumó su minoría para rebasar al PAN, con lo que
dejó claro que el método democrático carece de flexibilidad. Al final,
PAN y PRD buscaron defender la vigencia del Estado priista, el mismo
que provocó las crisis de 1973 a 2000 y que dejó una estela de
inflación, devaluaciones y sobre todo pobreza por los programas de
ajuste impuestos por el FMI y acatados por los gobiernos priistas.

Lo
que queda al final es la certeza de que los salinistas que privatizaron
el Estado ahora regresan con el disfraz de estatistas para restaurar el
viejo Estado priista que fue pervertido para llevar al país a las
cifras actuales de concentración de la riqueza. Ahora esos salinistas
han dado actos de fe lopezobradoristas, pero en el fondo siguen siendo
priistas. Ahí está el caso del vocero de los “intelectuales y
especialistas” del Frente AMLO, Rolando Cordera, uno de los
responsables ideológicos del salinismo, y del ideólogo de López
Obrador, Manuel Camacho, sin duda el padre del proyecto salinista.

Así que López Obrador tuvo que apoyarse en los cuadros de Salinas de Gortari para frenar la reforma energética.

www.indicadorpolitico.com.mx

cramirez@indicadorpolitico.com.mx

Escribe un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.